Luzón buscó un valle para asentarse entre los ahora quemados pinares del antiguo Ducado de Medinaceli… por estas fechas, suele haber rastros de nieve en las umbrías de las empinadas calles, casi siempre en silencio. Esta quietud se rompe en carnaval cuando irrumpen en el pueblo una veintena de negras bestias con cuernos, son los diablos… el personaje del demonio está muy arraigado en la cultura popular y el carnaval, raro era el pueblo del Señorío de Molina en que no aparecían uno o dos diablos persiguiendo a la chiquilleríay arrojando ceniza a las mozas, también en los actos de la Loa a la Virgen de la Hoz (Ventosa) aparece el negro luzbel o en Setiles donde el día de los santos inocentes se hace el amo del pueblo.
En Luzón, los mozos acuden a vestirse a un lugar en principio secreto, se protegen la piel con cremas para luego tiznarse cara, cuello, brazos y manos de una mezcla de aceite quemado con hollín. Se visten con negras vestiduras una blusa y un faldón, en la cabeza unos enormes cuernos con almohadilla les serán atados a los hombros y la frente, todo ello tapado por un pañuelo hasta la nuca. Como remate, unos enormes cencerros llamados “trucos y cañones“ romperán el silencio de la tarde cuando los diablos bajen corriendo al caserío mordiendo un trozo de patata que les sirve para refrescarse.
Al llegar a la plaza, correrán entre las mascaritas y disfrazados asustando al personal y tiznando aquí y allá con su negro ungüento, sobre todo a las mozas. Una vez calmada la euforia, los diablos disfrazados recorrerán las frías calles al caer la tarde en una extraña e indefinible procesión que sólo se da en alguna pesadilla.
Merece la pena acercarse a Luzón, cuna del historiador provincial Francisco Layna Serrano y disfrutar de esta demoníaca fiesta.
|